Hay fines de semana sin gente que ver, sin ganas de ver a nadie, tampoco.Es domingo todo el tiempo, a partir del sábado a eso de las cinco de la tarde, y, gracias a Dios, no he comprado periódico alguno, hace semanas que no sé nada, y la televisión como si no la hubieran inventado todavía.La música está terminantemente prohibida, en domingos así, que incluso empiezan antes de tiempo. Diablos, cualquier tipo de música sería realmente peligrosísima,en circunstancias tales que la sola idea de la existencia física o cantada puede ser de necesidad mortal, a juzgar por lo que uno sabe de sí mismo. En la sala hay un gran libro a medio leer, y hay decenas más esperando lectura, en mi biblioteca, pero en días así sucede lo mismo con los libros que con el cine. Hay varias salas de estreno en el barrio y películas que ver, pero eso vendrá después, tal vez el lunes, a lo mejor el martes. En fin, eso vendrá no bien este oscuro bienestar se transforme en molesta melancolía y la larga visita de algún muerto anuncie un punto y aparte.
BRYCE ECHENIQUE, ALFREDO.
sábado, 23 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario